lunes, 17 de octubre de 2011

ola, ola, ola...

... y otras veces, vuelve como una marejada inmensa cubriéndolo todo con su espuma blanca, con su vaivén incesante. Me sonríes, y a mí se me escapa una sonrisa de la boca, en el otro lado del vidrio. Me miras desde aquel portal mágico, y yo te observo desde la orilla, esperando el té. Esperando al viento quizás, al viento de la tarde que nos acaricia el rostro. (¿Será el mismo viento?). El susurro de la noche llega hasta mi almohada. Me da lo mismo si soy cliché, si otros lo han dicho mil veces antes mejor que yo. Quizás no busco trascender, quizás sólo busco calma en esta marejada borrascosa que me tocó, pero sabés? también me siento bien nadando en este piélago, así que probablemente siga en este océano azul.

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.