miércoles, 29 de junio de 2011

El frío me cala las manos

¿Qué necesito sentir para dejar de esperar
este invierno de XXII junios , quizás sólo XIII,
tal vez XXIII.

Cansancio lúgubre y frío que se ha ido osificando,
lipemanía que ya no se me ocurre cómo nombrar,
porque no existe el nombre, la palabra o el verbo
que logre alcanzarla en su infinita amplitud.

Dimensiones abisales que arrastran,
pequeños fragmentos luminosos,
a este corazón enfermo de recuerdos.
Cuerdas que cada vez van ahorcando más
el palpitar.

Estornudos me desconectan del trayecto.
Las siúticas palabras desaparecen, y sólo
me queda esta tiesura de dedos semiparalíticos,
y unas velas en la nariz, un poco de dolor de garganta,
y ganas de seguir alienizada.

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.