lunes, 13 de septiembre de 2010

...

Y tu voz nunca más
sonó entre estas paredes,
ni tu risa, ni tu tos.

No tosía ya tu desgastado pulmón,
ni se escuchó otra vez tus gruñidos
interrumpiendo al periodista en la tevé.

No llegamos a casa para pelearnos el pecé,
mientras te rascabas insistentemente
tras la oreja concentrándote en
leer las noticias de la nación.

No oímos tu nariz eternamente congestionada,
No olimos el café con coñac
que solía calmar un poco
tus gélidas manos.

No me topé con tus cenizas
en algún plato, tarrito, o taza.
No volvieron a desaparecer de
la cocina los potes, ni frascos
que aparecían en tu taller
invadidos por tornillos
y cachureos sólo por
tí rescatables.

Y en tu taller todo estaba frío,
y abandonado de tus manos.

Tus gorritos, tus pañuelos, y tu ropa
están perdiendo tu olor anciano,
mezcla de mecánico y ávido inventor.

Si tan sólo este agujero en nuestras tráqueas
nos dejaran respirar sin dolor.
Pero tu silueta cada vez más difusa,
distante de nuestros brazos.
Cada vez más palpable sólo en la impalpable mente.

Si te hubiera tomado una foto, una sola y triste foto.
Una grabación de tu voz.
Si te hubiera abrazado un poco más,
Si te hubiera dicho lo que me inquieta ahora con tanto ahínco no poder decirte.
si te hubieras enterado por mi boca y mis acciones, lo mucho que te quería, papá
¿Tendría este dolor menor intensidad?


...

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.