viernes, 20 de agosto de 2010

Hambre matriz

Una vez más ningún contratiempo.
Sumirse en un coma.
Aturdir, confundir.
Suponemos que finalmente ha comprendido algo.
Una especie de epifanía respecto a algo que, si usted desea, puede imaginar.
Las musas les hacen recordar algo impalpable, calígine.
Todo se ha detenido en una atmósfera eutímica.
Mientras ellos todos siguen girando.
Le consume un hambre de matriz.
Una gazuza de melatonina o en su defecto clonazepam.
Unas ganas increíbles de retornar o de marchar lejos
y volverse un poco viento, imprevisible y violento.
Viajante distante, futuro y remoto.

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.