viernes, 30 de julio de 2010

Vasto piélago del fondo abisal

E s t o y ... no ahí . . . n i aquí ... no acá . . . ni allá...

Extrañas criaturas me iluminan el torso al pasar.
Si tan sólo tuviera el chaleco que perdí lejos ya.

Escribes intermitentemente con ese pequeño
estilete en mi entresijo.

Siempre me ha gustado el M i e n t r a s.

Cómo detener la Obsesión. Cómo detenerla. Cómo.
Cómo detener la Obsesión. Cómo detenerla. Cómo.

Tú te equivocas.
Tú me equivocas.

Evaporarse un poco.

Tomar un fajo de papeles y unos cuantos discos de metal, dejárselos a un tipo a través de un ventano. Recibir un pequeño papel e intercambiarlo por un asiento con ruedas, ventana, y cortinas. Mirar a través de aquel tragaluz cristalino, unos cuántos árboles y cerros pasar rápidos y veloces frente a los ojos. Ver los cables dilatarse entre los distintos postes que avanzan hacia las espaldas. Extender los párpados que habían estado replegados, y estirar el músculo del torso, hasta que las pequeñas bolsas yazcan infladas. Luego, cuando estén vacías, repetir el ejercicio. Evitar las apneas y permitir que las imágenes guardadas recorran el cuerpo. Sentir el recorrido del fluído carmesí a través de los minúsculos conductos.

Finalmente, disolverse veloz.

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.