viernes, 16 de julio de 2010

Viajes, tardes, sueños.

Encontramos la casa grande, parece que la fuimos a visitar. El pasillo permanecía idéntico: el verde y húmedo musgo lo cubría todo con su característica textura y algunos juguetes nuestros aún los pude ver ahí, olvidados en el suelo.

No pudimos reconocer los árboles, excepto por el limonero; tampoco vimos los lirios o ¿Acaso eran violetas?, sin embargo, sabemos que se escondían en esa zona calígine que tras nuestra nuca, a nuestra espalda no pudimos palpar.

Hubiera sido bastante útil que Dement hubiera hallado una forma de conservarles, y así todas las mañanas poder acariciarlos con las frías y gastadas manos, poder aprehenderlos en pequeños frascos o introducirlos en diminutos relicarios. No, no sería lo mismo: perderían la gracia, el aura, ese nosequé que los particulariza tanto.

Queremos los cuerpos cuando ya no los tenemos.
Cuando les perdemos, sentimos la falta de elles,
y al sabernos faltes, y vacíes, necesitámosles.-

Ni siquiera entendemos aún tu partida, y todos estos acontecimientos nos han tornado en un piélago de conmociones, que terminan en una disforia que llega al cuello y se queda ahí, alojada en los ossobucos, en los conductos raquídeos, en la fascia, en los eritrocitos, en la ( ) .

Tanto que quise olvidar y ahora me aterra esta memoria demacrada, que se va disolviendo sin poderlo evitar. Lo sé, es cursi, es hermético, es ridículo, debiera dejar de hacer el intento de codificar todo de un modo tan ineficiente. Quizás debiera irme por las metáforas, o escribir de lo cotidiano, y que dentro de ese espacio, pudiéramos encontrar lo olvidado.-

Despertar no nos causa ninguna gracia, al menos alcanzamos a palpar un poco el sol de este gélido firmamento, los dos cerros, el limonero, el pasto tierno, y el silencio. Últimamente no confiamos en la gente, y desterrada de mí misma, sólo el sonido de melodías rabiosas y tranquilas sosiegan el torbellino de espíritus que deambulan flotando en el aire de esta pesada atmósfera.

Martillazos, máquinas funcionando, taladros, serruchos, golpes de cincel, metal y eléctrico el ruido lo va invadiendo todo. Un soplido gigante, una descarga de aire, y todo vuelve a comenzar.-

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.