lunes, 21 de junio de 2010

Curioso efecto del ajetreo habitual

El tiempo que transcurre frente a mí,
y yo en cuclillas sin poderle arremeter
no es que justo ahora,
sino que dada las condiciones actuales,
ocurrió lo que antes no hubiera sido posible,
y al final de nuevo mis infinitas entelequias.-

Quisiera que supieras
que también les interpreto,
he llegado a creer
que el interés,
que alguna absurda apuesta,
que una broma
o quizás que en serio,
que verdad,
y mayoría siempre gana,
(no siempre, pero tengo mala suerte)
por eso, cuando caen flores, sé que no es verdad.

Los suicidas somos la excepción irónica
que la teoría evolutiva no ha podido explicar.
Qué sobrevivencia ni que ocho cuartos,
me declaro caduca en diez años,
bueno, nueve, o quizás seis,
la vida útil me la paso por la jarra
y la edad de oro nunca fue el otoño.


Hoy el abuelito se cayó,
y no pude evitar
escupir ápices salobres
de los tajos otra vez.-

Tengo que comprender
que este afán vehemente
no me va a llevar al mar,
Sino más bien,
directo al salar.-

No sé, no sé nada.
Mejor calla.
Calla y duerme.
Calla y olvida.

Permitámosle al viento
hacer una sinfonía
de susurros
y silencios.

Permitámosle al olvido
irrumpir en la memoria
y destrozar
los recuerdos.

Permitámosle al olvido
disolver la mente
con un ácido amnésico
de mielina y otras yerbas.-

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.