viernes, 28 de mayo de 2010

Vagabunda Noctámbula

Partió un día, sin darle aviso a nadie. Se despidió
algo fría de-él. De-los-otros, con muchas risas,
y alegría (quizás fingía), era ambivalente.

Caminó a casa, iba absorta. De a poco se fue
percatando que en realidad la mentira era
tan evidente, que la había estado obviando; grande fue
su alegría al notar que ella también lo era, que
Finalmente, luego de un largo camino, doloroso
y difícil, lo había logrado sin siquiera saberlo.
Quizás, era su idea nomás, pero por primera vez en
su vida, pertenecía;
Muchas veces había querido huír de la
realidad, pero ahora, cuando observó los rostros
de todos aquellos seres, le pareció que todos éramos
patéticos, le pareció una situación monstruosa; ¿Cómo
era posible vivir tan engañados? Presas todos de sus
propias mentes, de sus propias construcciones y laberintos
mentales.

Quería estar sola. Curioso que antes huyera estrepitosa de
aquel misterioso estado. Ahora, podía contemplar tranquila
la realidad que era capaz de ver en/con sus ojos. Los
pedazos fugaces de lo real, se habían aparecido
como pequeñas gotas cayendo de un cielo.

Odiaba a todo lo demás. Sólo se sentía cómoda y satisfecha
con ella, su soledad.

Mientras marchaba por el camino, comenzó a silbar
una melancólica melodía: un vals francés.

Lo vislumbró todo. De pronto todo fue claro: el
dolor fluía de sus antiguas heridas. La sangre como arroyo,
corría mansa, saliendo de sus viejas fisuras, y entonces,
aquello no le pareció monstruoso. Se dió cuenta,
finalmente, de que el dolor era bello, el dolor era lo
más bello, y dejó que corriera como niño,
dejó que corriera alegre, risueño, tierno, joven,
ingenuo por sus venas.

Nunca antes había resultado tan placentero, tan
reconfortante el caminar. Mover sus piernas, impulsadas
por sus pies. Sentir cada paso y el suelo en sus
plantas. La textura de la superficie. Ese
pequeño golpe que sucede al colocar el
pie sobre el terreno nuevamente, luego de
haber volado o flotado por el espacio,
luego de haberse impulsado hacia el cielo
sin alas. Fue hermoso caminar.

Luego de caminar y silbar un pequeño trayecto,
escuchó a su viejo amigo, el viento; Fue sólo
un pequeño susurro; el sonido de las hojas, hojas de
álamo, ruido doloroso, doloroso como un niño
bello, hermoso, contemplativo.

Abrió su inmenso bastón, que era un paragua
y se sentó en la vereda; ya no era una
ciudadana,
era una vagabunda noctámbula. Se había acostum-
-brado a la noche fría y a la lluvia suave, con su
bastón paragua iba recorriendo el mundo y silbaba
melodías al pasar.

Ya lo sabía, así viviría; por un momento sintió
que comprendió todo lo que aquellos misteriosos
seres le provocaban.

La noche joven, derramaba una lluvia bella sobre
su cara. La luna, vagabunda eterna de la
noche estrellada. Espejo mágico
negro, del sol reluciente.

Esa luz que sólo es posible emanar de ella
y que sin embargo, no es de ella, no es
ella. La luna es negra. La luna es misteriosa.
La noche, la lluvia, la vida, son extrañas.
Todo, nada, y quizás un poco, o quizás casi
nada.-

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y eso nomás hay.