martes, 20 de abril de 2010

Es normal a veces sentirse cansada, es común y corriente. Pero a partir de hoy, teodiosiempreteodio.

Hipótesis del Odio


Dicen que Amar es entregar el corazón desnudo y frágil a alguien en quién se confía ciegamente. Si eso es amar, entonces, Odiar, ¿qué es?.

En cierto modo, odiar es un estado más elevado de consciencia, puesto que amar es ciego, y todo bajo ese velo se ve bueno (generalmente, el resultado de amar en la persona amante, no ocasiona nada más que detrimento y autodestrucción por cada decepción de probar que algo no era bueno en el ente amado, o algo no era como la persona amante esperaba que fuera -esto es así, porque amar es idealizar a la otra persona. Amar es poner cosas que no son en el otro, pero que son de nuestro propio agrado, ergo, egoísmo puro [lo cual nos lleva a considerar mejor ese sentimiento tan magníficamente promovido/publicitado]). Odiar, por un lado, es observar lúcidamente los defectos de nuestro propósito, sin eufemismos, ni secretos. ¿Y qué nos caracteriza y nos conforma más que nuestros propios desperfectos?. (Odiar es conocer.)

Durante el odio, se consagra inadvertidamente, una entrega noble hacia la persona odiada que para la ocasión habita el sentimiento. Y lo que se otorga no es más que tiempo, que no está demás decir, es en la época actual, un concepto altamente preciado. En ese sentido, el odio podría ser considerado más altruista que el amor, porque del amor siempre se espera (el amante espera recibir del amado, ya sea amor, tiempo, dinero, etc.), por el contrario, no del odio (el odiante no desea gastar su valioso tiempo en el ser que odia, simplemente así ocurre, esto quiere decir que el odiante realiza una entrega desinteresada de tiempo, y vuelvo a mencionar aquí, que el tiempo, en estos tiempos es una de las cosas más valiosas que se puedan entregar).

Odiar permite ver la naturaleza, el perfume y el fondo del ser innombrable que se aloja insolente en las sienes. Al mismo tiempo, odiar es pretender negar la existencia de este ente, (de ahí que le deseemos la muerte al ser odiado) y ¿Qué puede ser más real que lo que se hace el intento - visto aquí, como el esfuerzo o empeño- de no creer (y/o crear?)? porque buscar ocultar/negar/olvidar algo, es estar consciente de la propia existencia de éste, tanto más así, que llega a molestarnos su presencia de alguna manera y es ahí cuando comienza el desesperado intento de refutarle. Asimismo, el deseo de querer que algo deje de existir, supone un dilema existencial, una lucha inmensa en el interior del individuo, dada por el esfuerzo del mismo de ir en contra de su propia concepción sobre la existencia de aquello. Es como soltar una parte de uno mismo, una determinada creencia o gusto, es algo que en parte define nuestra identidad, en otras palabras, es un pequeño suicidio, el buscar olvidar u omitir algo que ya nos define y nos conforma de algún modo, a saber, la forma en la que vemos a los otros o a lo otro.

Con todo, odiar implica un manifiesto rechazo, un repudio ácido, un reservado despido, un alejamiento sigiloso. La intención del odiar, puede ser clasificada de tres maneras: Primero, la separación y aislamiento que se busca ocasionar en el objeto de nuestro sentir, a veces es planeado con el único fin de destruir y des-integrar al ser odiado. Esto es originado por el desprecio, desvaloración o desacuerdo del ser odiante sobre una, más o todas las características constituyentes del ser odiado.

Otras veces, este deseo comprende la frustración de no poder alcanzar de un modo cínico e hipócrita al sujeto (intento fallido de manipulación) y la intención en este caso puede variar entre buscar hacer sentir al otro algún grado o nivel de daño similar al sufrido por el ser odiante.

Finalmente, hay situaciones en las que el odiar tiene el propósito de alejar, escapar o incluso proteger a la persona odiadora de la persona odiada. El ser odiante está consciente de que amar implica quedar vulnerable, débil, entregarse como presa al depredador, aniquilarse evolutivamente, entre otras expresiones coloquiales, y la única forma de no proceder a semejante comportamiento irracional, es accionando el comportamiento contrario, esto es, odiar.

De este modo, el ser que odia, es capaz de tener un apego - entiéndase éste como una conexión afectiva - hacia su ser odiado, sin las implicancias de vulnerabilidad, sufrimiento, irracionalidad y estupidez que posee el acto de amar. Este tipo de apego, donde las expectativas del ser odiante hacia su ser odiado son nulas, y donde el nivel de decepción, no funciona como tal, puesto que no existe frustración al no intentar conseguir nada, le permite al Odiante desenvolverse seguro, y sin riesgos de detrimento.




Notas: Esta hipótesis requiere de un mayor estudio y modificaciones correspondientes, ya que por el momento sólo se basa en una corriente de consciencia o pensamiento nada más que se me ocurrió un día, así nomás, es posible de todas maneras leer un dejo de despecho si así se quiere, pero no hay que caer en ese error, el problema es que sólo lo describí de manera comparativa y dualista entre éste, y el amor, pero posteriormente vendrá un análisis y escrito hipotético más general y preciso.-

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y eso nomás hay.