domingo, 31 de enero de 2010

Mañanas, ayeres y nuncas

Todos estos tropiezos producen una danza desalentadora.

Yo no sé cómo se hace para convivir con un agujero.

Sé que no es, lo que veo que es. Sé que si me acuerdo va cambiando el recuerdo, y así. Hasta que al final, sólo nos quedan recuerdos de un recuerdo. Por eso, no me atrevo.

Dicen que los ojos hablan, y aunque no les veo los dientes, tu mirada me sonríe. Jamás sabrás lo que te dicen. El idioma es ambiguo.

Me quedé dormida, y conversaste con mi amigo de cosas que no pudiste dividir conmigo. Te marchaste enojado, yo seguí durmiendo. Debí fotografiar una foto, una foto, una.

Hay tantos porqués rebalsando el tiesto de los "Y si..."

Trepé hasta las ramas más frondosas de aquél árbol, y tenía miedo que en la noche me encontraran.


Me sumerjo en el océano, y contengo la respiración hasta el punto en que los bronquiolos marchitos y exasperados, me exigen una dosis de oxígeno. Creo que moriré en el agua, respiro hondo, pero no me salen burbujas de la boca. Le sonrío a las ballenas que con canto estridente me devuelven el saludo.

Mañana quiero Ayeres contigo.-

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.