miércoles, 27 de octubre de 2010

¿Relato de qué?. No sé muy bien cómo empezar.



Mis manos titubean en el teclado, me dirigo a la cocina y bebo un vaso de agua. Luego, llego hasta la puerta de la habitación y toso nerviosamente, me siento nuevamente frente al computador, y observo la inmensa, extensa y vasta región blanca que se me presenta frente a los ojos. La pantalla está blanca y no sé bien cómo empezar a escribir lo que me trajo hasta aquí.

Dejo que la melodía se disuelva en mi sangre - la vida es extraña- le digo. Sus ojos húmedos, sus ojos tristes, los observo dentro mío. A veces creo que su espíritu es triste, pero, ¿Acaso todos estamos tristes, o la vida tiene este sabor melancólico proveniente quizá de un origen difuso, con olor a desconocido, a complejo e impalpable?.

La vida es un misterio. La vida es el misterio. Una diminuta y casi imperceptible sonrisa se asoma de sus labios.

viernes, 22 de octubre de 2010

Todo se fue al Carajo

Me tiene podrida el universo entero.
Y ya no pertenezco.

miércoles, 20 de octubre de 2010

subterfugio suprebticio

A veces sólo hace falta una leve alusión
y entonces emergen las palabras
como subterfugios,
subrepticios

del inconsciente.

jueves, 14 de octubre de 2010

rosas ácidas

Las rosas blancas no huelen tan bien, son un poco ácidas.
Creo que hace tiempo no cometía una masacre como la que
acabo de hacer. A veces nos encariñamos de cosas pequeñas,
de personas que no conocemos mucho. Imágenes que van
quedando adentro nuestro.



No tengo idea de lo que pasa por mi mente. No lo sé. Es una corriente turbia, no puedo distinguir el fondo de todo esto.



Al mar preciso volver, necesito poder marcharme
sin previos avisos, sin intenciones de lastimar.
Sólo no tener nada a qué amarrarme. Nada que esperar.




Ten cuidado donde estés, a veces las intenciones no bastan.
Ustedes que pregonan buenas intenciones lanzando cuchillas
al aire, ¿la culpa es del blanco no del lanzador?



Siempre llaman a mi casa y es equivocado.


Vámonos al sur,
escondámonos en
aquéllas islas.

Nos duele
tanto
el
aliento.







éu-tí-veh-túduh-séim-sá-ber-queíñh-éra-éu
i-éu-qui-nunca-améi-a-ninguéim
púdeh-intáu-eñh-fíñh-a-már.


Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.