viernes, 18 de diciembre de 2009

No puede creerlo, se niega a soportar la realidad. Hace unas cinco horas, su piel estaba tibia, sus pupilas se contraían con una luminosidad demasiado intensa, sus latidos impulsaban la sangre de sus venas por cada centímetro de su cuerpo, sus pulmones se hinchaban con cada respiro. Ahora un cuerpo sin indicios si quiera de eso impalpable que se manifestaba antes: Frío, inmóvil, silencioso, sin vida. Su cuerpo, ahora dócil, se descompone lentamente, la cara imperceptiblemente tibia aún, pero las manos pálidas, colgando, muertas. En un acto recursivo, fractal, palíndrome, intenta imaginar que no está esto ocurriendo, pero cada vez que logra-se convencer, se fija en la mirada abandonada de espíritu, de consciencia y es cuando aparece la desesperación y la incredulidad de los hechos le chocan de nuevo.

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y eso nomás hay.