jueves, 17 de diciembre de 2009

Ciento Veinticuatro años

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Clamo contra las señoras Dendritas y el axón terminal
este aluvión, esta tormenta, esta lluvia, esta tempestad
borrascosa que han traído consigo las analepsis en las sienes.-

Hice todo lo que no debí y vice-versa.-


Me faltaron treinta y siete, ochocientas, cinco mil,

Cuarenta y dos, cien, Seiscientas, y noventa y dos.

Tanto, Tanto, Tanto.-

Unos Ciento veinticuatro años de mariposa.-

Pretendo descubrirme sentada en el colchón,
chillando luego de haber despertado
de esta
innombrable pesadilla.-

Las palabras no resultan efectivas -já.-

De qué manera comunicar
esta quemadura
, este -cursi- vacío, este horror,
este silencio infinito.-


Apenas me es posible pensar en la escalera, mientras los libros se precipitan desde la alacena. El techo se derrumba a pedazos, los vidrios están rotos o trizados, el agua turbia ha inundado todo. Las aves se dejan caer desde el cielo, los peces se ahogan en las turbulencias, las personas caminan sin rostros, las estatuas han sido olvidadas y los niños ya no sonríen.

Nada tiene ya el mismo.-

Tengo el esternón compungido
y los párpados se han rendido.-


Una herida abierta ha quedado,
una rajadura, una quemadura al miocardio,
un hematoma ensangrentado,
y dolor.-


Mudo, tibio e infinito.

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.