miércoles, 2 de septiembre de 2009

cavilaciones

Poco a poco comienza a invadirme de nuevo esta sensación de quemadura, se aloja en mi pecho, y mi respiración la alimenta. Y así pasan los días, las semanas, los meses, los años, los siglos, los milenios en tan sólo segundos, centésimas, milésimas incesantes. Tiempo infatigable te empeñas en pasar por sobre nosotras, y sí, es triste si saber que de todos modos este partido, este juego será siempre ganado por tu merced.


Cansada de que el tiempo deje su huella inexorable en el recuerdo y de que las imágenes que desborden mi cabeza, y de los gritos, y las palabras. Desearía no pensar con las palabras, y no ver imágenes, no, y no oír tanto ruido inconcluso y absurdo, y dañino. Quisiera ser ciega y sorda por el tiempo que se me antoje la gana. Las incertidumbres me tienen podrida.


¿Y Qué si no me dan ganas de seguir pudriendo este chiquero?. El infinito me parece insignificante. Y el odio se arremolina formando una estampida de impotencia en el acantilado de mi subconsciente. Imagino volar lejos, y que el aire de mis pulmones se extinga lenta y tranquilamente en lo profundo del océano. Voy a abandonar ciertas costumbres grotescas.


¿Qué es la libertad sino un utópico destino feliz inexistente? ¿ Qué son los ideales? ¿Qué de bueno tiene lo bueno? Cuestionamientos que sólo encuentran como respuesta un largo y eterno silencio. Me aburro luego de oírles hablar, sus voces chillonas, sus respiraciones, sus presencias inmundas, tanto como la propia mía. ¿Qué hemos hecho? O mejor dicho ¿Cuántas cosas hemos olvidado? Tropezamos con las mismas piedras una y otra vez.


Creo que sería mejor si no existiera el tiempo, para recordarnos constantemente que lo estamos perdiendo. Motivos, objetivos, anhelos, misiones, ¿Para qué? ¿No existe ya en nuestras mentes demasiada confunsión como para intentar mezclar el mundo entero con nuestros deseos?. Ya no sé lo que escribo: mis dedos se mueven rapidamente por el teclado y yo ni alcanzo a leer ni a percibir nada. No, ya no.


Me sumerjo en lo más profundo de mis cavilaciones, quisiera estar loca, de verdad que sí, los locos son los únicos que creen en sus pensamientos con total convicción, y sin fe, nos caemos al abismo con cualquier suspiro. Nada de lo que he escrito aqui tiene sentido, pero espera, ¿Acaso algo tiene sentido?. Qué absurdo es este mundo. Qué absurdos e inconsecuentes seres somos los humanes. Qué extraño es todo. Qué insípido. Qué insípido.


Los últimos respiros del invierno se asoman lentamente: Las últimas nubes, la última lluvia.

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.