martes, 18 de agosto de 2009

Lejos

Las Distancias son infinitas. Él está en otra galaxia. Sólo tiene la certeza de que existe, porque cree verle. Quizás sólo en sueños le conozca, y ¿Qué es la vida si no?, piensa. Sus ideas recalcitrantes. Lo único Certero: sus incertidumbres eternas.

Tiene los pies completamente mojados, lleva varias horas así, desde que salió de casa en la mañana. El día ha estado magnifico, representa muy bien a su corazón, lleno de tormentas y tempestades y vientos y lluvia y frío, todos mezclados en una confusa estación.

Tiene los ojos Grandes, cafés y curiosos. Una mirada atrayente e impenetrable. El cabello castaño, termina en unos rulos simpáticos. La piel blanca y tersa. Los dedos delgados y largos, las manos rojas, ateridas por el frío. Los pasos prudentes y silenciosos. Se lo ve merodeando por las bibliotecas, los cines y los teatros, d evez en cuando en alguna tocata poco concurrida. Aparece misteriosamente y así como llega se va.

Ella es alta, delgada, y tiene la piel blanca. El escazo pelo de un castaño oscuro, las manos heladas. De suerte ha traído botas porque sino se hubiera mojado los pies. Su abrigo largo la cubre de la lluvia y el frío.

Un día tomó el metro de noche, ya era tarde. Y ahí le vió, estaba delante suyo. el no tenía idea de la existencia de ella. Pero ella temblaba, su corazón nervioso como un colibri se agitaba por las más peligrosas mareas, lo tenía ahi, al lado suyo. Pudo oler tabaco y vainilla en su abrigo. Con su profunda mirada podría haberle atravesado el cuello. Pero él no se percató.

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y eso nomás hay.