viernes, 10 de abril de 2009

Dígame, ¿Dónde le duele?

El dolor cae,
claro como cascada,
por los taludes de mi corazón,
llevándose el brillo de los buenos momentos,
hasta el fondo de mis cavilaciones más profundas,
allá donde no llegan los rayos de la memoria ni el recuerdo.

Mi espíritu deambula por los obscuros pasadizos de la amargura,
y en cada paso recoge espinas y cardos,
y cosecha cada invierno dulces congojas,
y cruentas incertidumbres son su vino.

Más abajo hay peces, murciélagos y zorros que usted si desea puede alimentar

y eso nomás hay.